Todos los áticos son de derechas
De cómo las fuerzas políticas pueden acabar hablando el idioma que dicen combatir, mientras desde el ático las vistas siguen siendo excelentes.
Isabel Díaz Ayuso es de derechas. Isabel Díaz Ayuso gobierna Madrid. El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha comprado un ático cuya justificación administrativa ha ido cambiando conforme se conocían detalles de la operación.
Si Ayuso es corrupta porque compra un ático de ricos que huele a trapos sucios, la gente que compra áticos de lujo en Madrid también es de derechas y corrupta.
El razonamiento es idiota. Pero sirve como ejemplo más claro que el agua bendita.
A finales de julio se supo que Planifica Madrid, una empresa pública de la Comunidad, había comprado por 6,3 millones de euros un ático de 485 metros cuadrados en Chamberí, unos 200 de ellos de terraza. Primero se presentó como futura oficina de la presidenta durante unas obras en la sede de la Puerta del Sol. Ese uso chocaba con el carácter residencial del edificio y, horas después, el propio equipo de Ayuso admitió que ni siquiera estaba decidido al cien por cien que fuera a utilizarse como oficina. Más tarde se barajó qué destino definitivo podía darse al inmueble, mientras Ayuso descartaba personalmente que fuese a convertirse en su residencia oficial. Finalmente, el Gobierno madrileño lo puso a la venta y el PSOE llevó la operación ante la Fiscalía por posibles delitos económicos. Que exista una denuncia no demuestra que se haya cometido ninguno de ellos, pero la sucesión de explicaciones, el precio, la falta de previsión presupuestaria y la opacidad de la operación explican bastante bien por qué el ático ha entrado de pleno en el debate político madrileño y se ha extendido a nivel nacional.
El salto al pasado se produce casi solo. Ayuso es también la presidenta que gobernaba Madrid cuando, durante marzo y abril de 2020, murieron 9.470 personas que vivían en residencias de mayores; 2.179 recibieron atención hospitalaria y 7.291 no fueron derivadas a hospitales. Existieron protocolos que restringían determinadas derivaciones según criterios como el grado de dependencia o deterioro cognitivo, y la gestión política de aquellas semanas continúa siendo objeto de investigaciones, procedimientos y una batalla pública que no se ha cerrado. El Tribunal Supremo archivó en 2024 una denuncia contra Ayuso porque estaba formulada de manera genérica y no vinculaba fallecimientos concretos con decisiones concretas de la presidenta. Precisamente por eso conviene no escribir que esas 7.291 personas murieron porque no fueran trasladadas: esa causalidad individual no está acreditada. Lo que sí está documentado es que murieron sin derivación hospitalaria durante el periodo crítico y que existieron protocolos que limitaron esos traslados.
En cuestión de una semana aparece un ático y reaparecen 7.291 muertos. No porque un ático provoque la muerte de nadie ni porque las residencias expliquen por qué una empresa pública compra un inmueble en Chamberí. Simplemente porque ambos hechos pertenecen al mismo personaje político.
La operación es tan corriente que casi se da por supuesta: un caso nuevo no llega solo, lleva de la mano todos los anteriores. Éramos pocos y parió la abuela. Encima de todo lo otro, ahora esto. Otra vez Ayuso. Otra vez Sánchez. Otra vez Trump. Otra vez los inmigrantes. Otra vez los progres. Otra vez los fachas.
“Alguien ha hecho esto” requiere ciertos argumentos. “Estos son así” ahorra bastante trabajo. Y la versión completa, “los que son así hacen estas cosas”, transforma una asociación en una regla causal que después utiliza cada caso nuevo como confirmación de sí misma.
La psicología lleva décadas estudiando mecanismos próximos a este proceso: la vieja falacia de la generalización apresurada, que no tiene un acuñador moderno único; la correlación ilusoria, término propuesto por Chapman y Chapman en 1967 y aplicado después por Hamilton y Gifford en 1976 a la formación de estereotipos; la heurística de representatividad descrita por Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1972; el trabajo clásico de Peter Wason de 1960 sobre nuestra tendencia a buscar pruebas que confirmen una hipótesis antes que pruebas capaces de refutarla; y la heurística de disponibilidad formulada por Tversky y Kahneman en 1973, según la cual tendemos a estimar frecuencia o probabilidad a partir de la facilidad con la que ciertos ejemplos acuden a la memoria. Ninguna de esas etiquetas explica por sí sola la política contemporánea, pero juntas ayudan a entender por qué, después de escuchar suficientes veces dos conceptos unidos, la conexión puede empezar a parecernos menos una afirmación que debe demostrarse que una característica del paisaje. O del personaje.