Periodismo jamonk
Epístola de bienvenida.
Muy estimado/a visitante:
Ha tenido usted fortuna. O desgracia, pues ambas se confunden con frecuencia en estos tiempos. De arribar a estas páginas digitales, permítase unos instantes de serena lectura antes de continuar con la incesante marea de obligaciones que, según nos consta, constituye la existencia contemporánea.
¿Quién no ha sentido, un día cualquiera y a merced del desplazamiento infausto (otrora conocido como doomscroll), esa peculiar melancolía provocada por la bulimia informativa del que sabe demasiado y hace demasiado poco? ¿Quién no ha experimentado la singular fatiga de estar perfectamente informado de todo aquello que escapa por completo a su control? El periodismo, noble oficio de siglos, es un negocio de doble filo: cuanto más le informa (loable causa, el informar), más le acompleja, en más temeroso le convierte y más dudas le plantea sobre el porvenir humano. Mientras tanto, el desplazamiento infausto continúa su labor de aniquilación neuronal, las gacetas tecnológicas del griterío (otrora conocidas como redes sociales) agotan finalmente un rumbo que el ser humano bien merece.
¿Qué es verdad y mentira en todo ello? ¿Hasta qué punto ha puesto usted la mano en el fuego por una certeza que leyó y que, a pesar de defenderla fervientemente, terminó por chamuscarle los dedos? Soplan vientos de confusión sobre la moralidad de lo cierto y lo falaz, pero el timón de jamonk no se amedrenta por ello: navegar con dirección hacia la tierra firme del entender implica dejar atrás las mareas que confrontan la realidad y la ficción, puesto que es deber del navegante atravesar ambas si quiere llegar a destino.
Puede que en su ávida mente lectora se pregunte cómo pueden existir tan diversas, gráciles y aguerridas piezas periodísticas en jamonk. Sus intuiciones, una vez más, están en lo cierto: nuestros limitados cerebelos, que buenamente izan una bandera y cartografían el mapa de la paranoia y el hartazgo no sin esperanza, emplean la inteligencia artificial, sobradamente más inteligente, pero demasiado artificial.
Con la consideración más distinguida,
jamonk
Barcino, 2026